Facetas del alma contemporánea, "Los complejos y el inconsciente" (1970)

En esta ocación, nos sentimos llamados a desarrollar el primer capitulo de la obra "Los complejos y el Inconsciente" que se titula: facetas del alma contemporánea. En dicho capitulo, Jung, aborda de manera muy sagaz el escenario de la psicología, a la luz de los nuevos paradigmas sociales, económicos, y políticos, en los que se ve inmerso el hombre y su psique.

"Mientras que la Edad Media, la Antigüedad e incluso la humanidad entera desde sus primeros balbuceos vivieron en la convicción de un alma sustancial, en la segunda mitad del siglo XIX se asiste al nacimiento de una psicología "sin alma" (Jung, 1970 p. 4). Con esta reflexión, el fundador de la psicología analítica, desdibuja lo que para muchos es un desarrollo con miras al progreso de cualquier sociedad; pero que sin embargo, si se medita respecto del cómo el hombre se ha ido relacionando con tal progreso, nos encontramos con encrucijadas que tienden a oscurecerse cada vez más. Es esperable, en este sentido, que toda manifestación humana tienda a la diferenciación; en cuya naturelza, radica una de las características más intrínsecas del hombre. Dicha diferenciación, polariza los alcances de toda aproximación con el objeto, es decir, privilegia una de las "realidades" en desmedro de otra; se toma consciencia respecto de dicha realidad, y se es inconsciente de la otra.

     El nacimiento de la psicología "sin alma", sin duda, es uno de los trastocamientos más interesantes en el desarrollo de nuestra disciplina, pero a su vez, el con mayores repercusiones para el hombre y la sociedad. Mientras que la cosmovisión precendente situaba en el alma humana, facultades renovadoras, sublimes y trascendentes; la cosmovisión de hoy, sitúa en la materia el origen y el fin de todas las manifestaciones humanas. "La metafísica del espíritu, a lo largo del siglo XIX, tuvo que ceder el puesto a una metafísica de la materia; intelectualmente hablando, esto no es más que un giro caprichoso, pero desde el punto de vista psicológico significa una revolución inaudita en la visión del mundo: el más allá toma asiento en este mundo; el fundamento de las cosas, la asignación de los fines, las significaciones últimas, no deben salir de las fronteras empíricas; si damos crédito a la razón ingenua, parece que toda la interioridad oscura se convierte en exterioridad visible, y el valor no abedece ya sino al criterio del supuesto acontecimiento" (Jung, 1970 p. 5). Que desde el punto de vista psicológico signifique una revolución inaudita en la visión del mundo, no es un hecho que debamos pasar por alto; y es que el saber psicológico, se empapa no sólo de una convicción teñida por el desarrollo científico de la época, sino que se hace permeable de toda una revolución política, económica y social que repercute, finalmente, en el hombre. La psicología, en este sentido, se transforma en un apéndice del paradigma que impera en la sociedad, como al servicio de éste, y propiciador de un sostenimiento del mismo en el tiempo.

     La psicología, debe su estudio al hombre, y sus alcances por difusos que sean, deben estar orientados al hombre y para el hombre. Este elemento, en nuestra opinión, debe estar en el centro de todo nuestro quehacer. Por ello, cuando elevamos a la materia, como magnitud última y caldo de cultivo para todos los desarrollos de la ciencia, cercenamos un cúmulo de fenómenos que tienen una correspondencia en los hechos de la vida psíquica del hombre. El desechar al alma como sustrato inviable de aproximación responde al momento histórico que vivimos, pero es como cruzar los brazos, o abandonar el sendero, acusando lo pedregoso y oscuro que se ve. "El psicólogo moderno no está ya entregado a una u otra de estas actitudes; vacila entre las dos en una alternativa peligrosa, expuesto a la fácil tentación de un oportunismo desprovisto de todo carácter. Aquí está, sin duda alguna, el gran peligro de la coincidentia oppositorum, de la liberación del dilema de los contrarios por el intelecto que los supera. ¿Cómo de la equivalencia de dos hipótesis opuestas podría nacer otra que cosa que una indecisión oscilante u sin fuerza sobre el vacío?" (Jung, 1970 p. 17)

     Con todo, es inevitable, levantar ciertos cuestionamientos que tienen una ligazón con nuestro quehacer en psicología. Como profesionales de la salud mental, debemos situarnos en el contexto en el que desarrollamos nuestra labor. Es un proceso reflexivo que nos invita a pensar en el desarrollo de la psicología, y sus aportes a la sociedad. Habría que cuestionarse, entonces, ¿hacia donde va la psicología? ¿cuál, finalmente, es su objeto de estudio? ¿en qué lugar nuestro compromiso con el hombre y su vida psíquica, se pierde en el contexto y las demandas del medio? ¿deberíamos dar por terminada la labor investigativa en psicología? ¿es posible pensar en una aproximación hacia la comprensión de la psique humana sin oscilar entre los opuestos explicativos?. Les invitamos a dejar vuestras impresiones.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Edgardo (lunes, 26 enero 2015 19:22)

    Después de leer el material, que trata de abarcar a grandes rasgos muchos aspectos al mismo tiempo, es muy sencillo percibir el afán por llegar a aquellos que no entienden o parecen no entender que al hablar del alma y de la psicología de Jung de alguna manera tenemos que acercarnos a las vivencias religiosas y espirituales de millones de personas, aspecto actualmente tan incomprendido como alterado de sus cauces naturales.
    Al hablar del “descubrimiento del inconsciente” por parte de la psicología moderna, atribuido principalmente de la mano de Freud, no es más que un redescubrimiento de algo desconocido en un contexto cultural muy particular de fines del siglo XIX que ya era conocido desde la más remota antigüedad con nombres diferentes.
    Satanás significa fundamentalmente «el opuesto», «el que se resiste», esto es al yo inferior conciente que transita en ignorancia e ingenuidad esta vida para ayudarle a elevarse, aspecto que la psicología freudiana-en cierta armonía eclesiástica- confundió con el basural de la conciencia. La palabra «demonio» etimológicamente deriva del griego cuyo significado es «genio interior», y Diablo significa «calumniador», expresión que nace con el cristianismo producto de su visión dualista del bien y del mal, la cual lo ha llevado a un conocimiento diferente sobre de quién se trata. Sus manifestaciones más groseras pueden verse en el ámbito de la denominada posesión diabólica y el consecuente exorcismo, que en mi opinión es una consecuencia patológica del alma a raíz de su enorme desequilibrio ante lo natural.
    La mayoría de las personas cultas del presente siglo XXI, las cuales generalmente mantienen cierta distancia de todo lo que huela a fe y religión, hablan del inconsciente como si se tratara de una parte misteriosa de la mente humana, algo que opera en las conexiones neuronales, y que fundamentalmente es descrito como un sistema de impulsos reprimidos, pero activos, que no llegan a la conciencia. Normalmente se usa la expresión para calificar el conjunto de comportamientos que un sujeto desarrolla inadvertidamente, es decir, sin darse cuenta, y que, en general, no dependen de su voluntad. Por ejemplo, el lapsus sería una irrupción del inconsciente en querer ser auténtico cuando concientemente se quiere engañar. Este estado de cosas podría ejemplificar a que se halla resumido en el ámbito no religioso el inconsciente en la psicología. Pero Jung se ha esforzado por desear demostrar que es mucho más que eso, en donde, a mi juicio, lleva a decir que abarca una especie de red mental invisible interconectada con vidas pasadas. Los arquetipos forman parte de esa argumentación, el conocimiento de cosas que solamente pueden provenir de fuentes desconocidas. Jung hablaba por experiencia propia, de allí que sus pensamientos deben tenerse en cuenta, pues de lo que habla Jung el mismo lo ha experimentado y nadie más que el se halla capacitado para intentar descifrar lo que a el mismo le sucedía, y sus esfuerzos, los cuales estuvieron canalizados mediante sus estudios médicos, investigaciones y reflexiones durante toda su vida, no pueden desvalorizarse por el simple motivo de no poder comprenderlo. Jung se hallaba dirigido por poderosas fuerzas mentales mediante las cuales deseaba ardientemente entender los aspectos de la vida que más lo impresionaron. Y cuando comenzó a reunir experiencias de otras personas en su larga carrera profesional, su conocimiento sobre el tema se incrementó notablemente. A diferencia de Freud, Jung valoró el aspecto religioso del ser humano, más allá de si era o no verdad tal o cual religión, aspecto que Freud, en acompañamiento de una sociedad instruida y laica, despreciaba.

     "La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de que algo vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece" (C. G. Jung. Recuerdos, sueños, pensamientos. 1964)